lunes, 19 de diciembre de 2016

My butterfly

Me presentaré las veces que hagan falta, pero sé que sabes perfectamente quién soy por esa sonrisa de oreja a oreja que te sale cada vez que me ves, que de lo único que no te acuerdas es de mi nombre, pero no me importa tener que repetirtelo las veces que hagan falta.

Que cuidaste de mi cuando era una enana, cuando era una niña y en todos los momentos de mi vida, y ahora me toca a mí cuidarte, es lo menos que puedo hacer por todo lo que has hecho tú por mí.
Por esa infinidad de fines de semana que nos quedábamos mi hermano y yo en tu casa a dormir, y dormíamos los tres juntos en la misma cama, y mi hermano y yo jugando a cazar mariposas mientras tú nos echabas la bronca porque era la hora de dormir. Despertarnos y encontrarnos con el desayuno hecho, e ir juntos a hacer las compras. Coger la película Space Jam y pasarnos todo el día pegados a la tele.   Creo que a día de hoy podría decir que es mi película favorita por todos los recuerdos que me trae. Por los paseos, los abrazos, los besos, las sonrisas. Por todas esas navidades en tu casa.

Que tus manos se han olvidado de abrir la puerta del portal, y no sabes que yo ahora te agarro la mano con la misma fuerza que lo hacías tú cuando era pequeña. Que esos ojos me siguen mirando igual que lo han hecho siempre, a pesar de que no se acuerden de mí, pero en el interior de tu corazón nos recuerdas a todos y a cada uno de nosotros.

Abuelita, las cosas han cambiado desde que tu cabeza ha optado por no acordarse de las cosas, pero que sepas que hay algo que no ha cambiado, que a pesar de que no te lo diga mucho, te quiero, y siempre lo haré. "Me olvido contigo de todo, y solo quiero que entiendas que ante ti pienso presentarme las veces que haga falta. Y si nos lo cruzamos por ahí... al puto Alzheimer no lo conocemos ninguna de las dos."

sábado, 26 de noviembre de 2016

Alone

1 palabra. 4 letras. Muchos sentimientos que se esconden debajo. Miedo, desesperación, impotencia, soledad. Sola.
Así es como me siento, como llevo sintiéndome estos últimos meses. Totalmente sola.
Te preguntan que qué tal estás por rutina, no por el mero hecho de que les preocupe como estás realmente, porque si asó lo fuese, sabrían que bajo esa sonrisa falsa y esa mirada al suelo al responder ese "simple" bien, hay algo que realmente no va bien. Y ese es el problema, que nadie se ha parado a preguntar si estaba segura de mi respuesta, o simplemente darme un abrazo como acto-reflejo. 
Somos humanos, personas de carne y hueso, que en algún determinado momentos de nuestras vidas tenemos no un día de bajón, ni dos, sino unos cuantos, que llegas a perder la cuenta. Pero también, eres de esas personas que no les gusta pedir ayuda, por lo que esos días se multiplican por cien. Y es así, porque los problemas solos, siempre tardan más en arreglarse. Pero y qué le vamos a hacer, si nadie se ha ofrecido a tenderte la mano y sacarte de ahí, ni si quiera para que llores en un hombro conocido. Y entonces empiezas a sentir miles de cosas y pensar miles de gilipolleces que no deberías, pero lo haces.
Miedo por darte cuenta que, realmente no importas ni si quiera a aquella persona por la que pondrías la mano en el fuego.
Desesperación porque después de tanto, aún nadie se haya dignado a mirarte y preguntarte si de verdad estabas bien.
Impotencia por no tener los cojones de quitarte de en medio.
Soledad, porque a fin de cuentas, quién nunca va a fallarte eres tú mismo, aún cuando de quien pretendes huir,
es de ti.

martes, 22 de noviembre de 2016

Vivimos por y para ello.


Ha sido ver esta foto y de la misma mil cosas se precipitaban sobre mi mente. Lo primero que me ha venido a la cabeza es lo esclavos que somos del tiempo. Vivimos yendo de un lado para otro, a toda ostia, porque sino no nos da tiempo. Nos quitamos de hacer x cosas que nos dan placer por otras que no tanto, que las hacemos por mera obligación porque no nos da tiempo. Nos quitamos horas de dormir para aparentar que los días son más largos, para que luego al final de la semana tengamos unas ojeras que nos llegan hasta el suelo. Y así vivimos, a toda prisa, esclavizados de dos míseras agujas que cuelgan de ese círculo que tenemos en mitad de la cocina. Tic tac tic tac. No se paran ni un segundo, no le importa un comino si has tenido un mal día o si necesitar para a coger un respiro. ¿Para qué? Nosotros siempre estamos a la espera de tener tiempo, y el tiempo nunca espera.
Además, después de que vivamos atropellados por el tiempo, tenemos que cumplir en el trabajo, en los estudios, en nuestra vida diaria. ¿Y de dónde sacamos tiempo para nosotros? Recuerdo una vez, en una clase de filosofía, que salió este tema, hablamos de como se vivía antes y que hoy en día esas tareas domésticas que se hacían manualmente, se hacen con máquinas para invertir menos tiempo en ello, pero ey, ¿os digo una cosa, que seguro, seguro que no os habréis dado cuenta? Ese tiempo que "ganamos" lo dedicamos para seguir siendo esclavos de esas dos malditas agujas que siguen yendo a su ritmo sin dejar de cesar, porque lo invertimos en hacer esas cosas tan maravillosas, que tantísimo nos gustan. 
A veces me dan ganas de parar todos los relojes de la casa, y sentir, que al menos, por un minuto, he podido respirar.