1 palabra. 4 letras. Muchos sentimientos que se esconden debajo. Miedo, desesperación, impotencia, soledad. Sola.
Así es como me siento, como llevo sintiéndome estos últimos meses. Totalmente sola.
Te preguntan que qué tal estás por rutina, no por el mero hecho de que les preocupe como estás realmente, porque si asó lo fuese, sabrían que bajo esa sonrisa falsa y esa mirada al suelo al responder ese "simple" bien, hay algo que realmente no va bien. Y ese es el problema, que nadie se ha parado a preguntar si estaba segura de mi respuesta, o simplemente darme un abrazo como acto-reflejo.
Somos humanos, personas de carne y hueso, que en algún determinado momentos de nuestras vidas tenemos no un día de bajón, ni dos, sino unos cuantos, que llegas a perder la cuenta. Pero también, eres de esas personas que no les gusta pedir ayuda, por lo que esos días se multiplican por cien. Y es así, porque los problemas solos, siempre tardan más en arreglarse. Pero y qué le vamos a hacer, si nadie se ha ofrecido a tenderte la mano y sacarte de ahí, ni si quiera para que llores en un hombro conocido. Y entonces empiezas a sentir miles de cosas y pensar miles de gilipolleces que no deberías, pero lo haces.
Miedo por darte cuenta que, realmente no importas ni si quiera a aquella persona por la que pondrías la mano en el fuego.
Desesperación porque después de tanto, aún nadie se haya dignado a mirarte y preguntarte si de verdad estabas bien.
Impotencia por no tener los cojones de quitarte de en medio.
Soledad, porque a fin de cuentas, quién nunca va a fallarte eres tú mismo, aún cuando de quien pretendes huir,
es de ti.

